
Catorce universidades, un circuito y la pregunta sobre quién diseña la próxima capa del cómputo
Hay una imagen que circula en la comunicación oficial del NSF IMOD y que vale la pena sostener un momento antes de pasar a los números: una estudiante de doctorado enseñando a cuatro investigadores más jóvenes cómo fabricar diodos emisores de luz en una campana química. No es el director del centro. No es un profesor titular. Es Hannah Contreras, una estudiante, transmitiendo conocimiento transversal en un curso intensivo de una semana diseñado para que químicos hablen con ingenieros eléctricos y físicos cuánticos hablen con ingenieros mecánicos. Esa imagen condensa algo que los comunicados de prensa rara vez articulan con honestidad: la arquitectura de quién sabe qué, dentro de qué estructura, determina lo que una red de investigación puede o no puede ver.
Isabel Ríos9 min





















