Operación “Roaring Lion / Epic Fury”: cuando el liderazgo sin confianza intenta ejecutar un cambio de régimen

Operación “Roaring Lion / Epic Fury”: cuando el liderazgo sin confianza intenta ejecutar un cambio de régimen

La madrugada del 28 de febrero de 2026, Israel y Estados Unidos lanzaron ataques coordinados contra Irán. Israel bautizó la ofensiva Operation Roaring Lion; Washington, Operation Epic Fury.

Francisco TorresFrancisco Torres28 de febrero de 202612 min
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Operación “Roaring Lion / Epic Fury”: cuando el liderazgo sin confianza intenta ejecutar un cambio de régimen

Por Francisco Torres, Director Editorial de Sustainabl.

La madrugada del 28 de febrero de 2026, Israel y Estados Unidos lanzaron ataques coordinados contra Irán. Israel bautizó la ofensiva Operation Roaring Lion; Washington, Operation Epic Fury. No fue una incursión quirúrgica de corto alcance: el paquete de objetivos incluyó instalaciones nucleares, sitios de misiles balísticos, defensas aéreas, radares, estructuras de mando y, según los reportes, compuestos vinculados al liderazgo iraní.

En Tel Aviv, la foto humana es inmediata: sirenas, entradas repetidas a refugios, improvisación doméstica y una rutina de resiliencia cansada. Esa escena —un país funcionando entre alertas y WhatsApp— contrasta con la escala estratégica: un viraje explícito hacia el objetivo de cambio de régimen, anunciado por Donald Trump al hablar directamente a la población iraní.

Desde “Liderazgo & Management”, el ángulo no es moral ni ideológico. Es operativo: qué tipo de liderazgo decide esto, con qué legitimidad interna, con qué teoría de éxito y con qué estructura de ejecución.

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Hechos relevantes: escala, objetivos y señal política

Los datos que importan para entender la naturaleza de la operación:

  • Magnitud: la Fuerza Aérea israelí ejecutó su mayor salida registrada, con alrededor de 200 aviones y aproximadamente 500 objetivos en ciudades como Teherán, Isfahán, Qom, Karaj y Kermanshah.
  • Respuesta iraní: lanzamiento de misiles hacia Israel, activando estado de emergencia declarado por el ministro de Defensa israelí.
  • Carácter sostenido: EE. UU. habló de “operaciones de combate mayores” y sin fecha de cierre, lo que sugiere campaña, no episodio.
  • Objetivos declarados por Trump: impedir arma nuclear, destruir capacidades misilísticas y navales, neutralizar amenazas a EE. UU. y habilitar que los iraníes “tomen control” de su destino.
  • Contexto de continuidad: la ofensiva llega tras ataques previos (incluida la degradación del programa nuclear iraní el año anterior y operaciones posteriores), y después de meses de acumulación militar estadounidense en la región.

En términos de management, esto define un proyecto con ambición máxima (cambio de régimen) y ejecución de alta complejidad, en un entorno de incertidumbre extrema y dependencia de variables externas (reacción interna iraní, alineamientos regionales, contención de escalada, mercado energético, etc.).

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El punto ciego central: un “plan de salida” que depende de terceros

El cambio de régimen, por definición, no es un entregable controlable por quien lo declara. A diferencia de degradar infraestructura (un objetivo técnico), cambiar una estructura de poder requiere que actores internos —facciones de seguridad, élites políticas, masas movilizadas— ejecuten decisiones alineadas.

El propio marco que se desprende de la cobertura sugiere una hipótesis táctica: golpear lo suficiente para quebrar el aura de invulnerabilidad, forzar tensiones internas y estimular defecciones, con promesas de amnistía a quienes se aparten del régimen. Ese enfoque tiene lógica instrumental, pero expone tres fragilidades operativas:

1. Dependencia de coordinación interna: la oposición y las facciones dentro del sistema deben moverse con timing y masa crítica. Eso no se “ordena” desde fuera.
2. Ambigüedad del estado final: “cae el régimen” no describe el reemplazo, el control territorial, ni el nuevo equilibrio de coerción.
3. Riesgo de prolongación: sin invasión terrestre (no contemplada ni plausible según reportes), la campaña puede derivar en un intermedio inestable: ni régimen colapsado, ni conflicto cerrado.

En empresas, yo diría que es un programa transformacional sin control sobre el recurso crítico. En geopolítica, es parecido: el recurso crítico es la dinámica interna iraní.

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La variable subestimada: legitimidad y confianza en el liderazgo que ejecuta

La columna original pone un elemento incómodo pero operativo: la baja confianza pública en los dos líderes que encabezan la decisión.

  • Trump arrastra reputación de relato volátil y confrontación con evaluaciones de inteligencia.
  • Netanyahu enfrenta presión electoral y desgaste político interno.

No se trata de juicio moral. Se trata de gobernanza: cuando la credibilidad del decisor es baja, suben los costos de coordinación.

En una guerra —como en un turnaround empresarial— la ejecución requiere que múltiples actores acepten instrucciones bajo estrés: mandos militares, aliados, servicios de emergencia, sector privado, población civil, mercados. Si la confianza es frágil:

  • la comunicación oficial pierde potencia,
  • crece la lectura “esto responde a incentivos internos”,
  • se encarece la alineación con aliados y la disciplina narrativa,
  • y aumenta el riesgo de decisiones tomadas para el ciclo político y no para el ciclo operativo.

Ese déficit no impide actuar, pero reduce el margen de error tolerable.

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Impacto humano y continuidad operacional: resiliencia no es gratis

La escena de refugios en Tel Aviv es más que color. Es un recordatorio de que la continuidad se sostiene con micro-decisiones: moverse, esperar, volver, trabajar igual. Eso tiene costo acumulado:

  • fatiga social,
  • interrupciones en productividad,
  • ansiedad sostenida,
  • tensión en servicios y logística urbana.

En management, resiliencia real es la capacidad de sostener operaciones con degradación aceptable. Pero si la campaña no tiene horizonte claro, la resiliencia se erosiona. El hecho de que la operación se describa como sostenida y sin fecha de fin obliga a mirar el conflicto también como gestión de capacidad: moral, infraestructura civil, economía y percepción de seguridad.

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Señales de escalada: el “radio de impacto” se amplía

Los reportes mencionan alertas de seguridad interna en EE. UU. (FBI y Homeland Security), y la posibilidad de ampliación regional. Operativamente, eso significa que el conflicto no es un “teatro” único: es una red de riesgos.

Implicancias posibles (sin especular más allá de lo reportado):

  • más fricción en mercados energéticos por incertidumbre y disrupciones,
  • incremento de amenazas asimétricas vía actores no estatales o capacidades residuales,
  • presión sobre aliados y estados vecinos para interceptación, logística o posicionamiento,
  • volatilidad informativa: afirmaciones de daño “obliterado” versus evaluaciones técnicas divergentes.

En ejecución compleja, la multiplicación de frentes es el principal disparador de error: no por falta de fuerza, sino por saturación de decisiones.

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Qué observar para evaluar si esto es estrategia o solo potencia

Desde un lente frío de operación y escalabilidad, las métricas cualitativas a seguir son:

  • Consistencia del objetivo: si el mensaje cambia de “degradación” a “cambio de régimen” y vuelve, la coalición se debilita.
  • Disciplina de comunicación: menos épica, más verificabilidad. La brecha entre narrativa y evidencia es corrosiva.
  • Capacidad de contención: interceptaciones, protección de infraestructura crítica, continuidad económica básica.
  • Señales internas en Irán: fracturas en élites de seguridad y gobernanza, no solo protestas espontáneas.
  • Coste temporal: cuánto tiempo puede sostenerse una campaña sin “end state” operacionalmente administrable.

Si esas variables no convergen, la operación puede derivar en un escenario de desgaste donde el objetivo político (cambio de régimen) queda desacoplado de la capacidad de ejecución.

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Conclusión

El giro hacia un objetivo explícito de cambio de régimen eleva la operación de un problema militar a un problema de gestión de sistemas complejos, donde la variable crítica es la coordinación política y social bajo baja confianza en el liderazgo y alta dependencia de dinámicas internas iraníes que no son controlables desde fuera.

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