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Vaseline convirtió hacks de internet en productos que se agotaron en minutos

Vaseline convirtió hacks de internet en productos que se agotaron en minutos

Vaseline tiene 155 años. Nació de un químico que observó a trabajadores petroleros frotarse una sustancia gelatinosa sobre las heridas. Lo que está ocurriendo ahora dentro de Unilever, la matriz de Vaseline, merece atención precisamente porque invierte esa lógica: está dejando que los comportamientos espontáneos de comunidades de internet determinen qué producto fabricar a continuación.

Andrés MolinaAndrés Molina17 de mayo de 20268 min
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Vaseline convirtió hacks de internet en productos que se agotaron en minutos

Vaseline tiene 155 años. Nació de un químico que observó a trabajadores petroleros frotarse una sustancia gelatinosa sobre las heridas. Desde entonces, la empresa creció como un artículo de uso doméstico, esa lata azul que aparece en el botiquín de casi cualquier hogar del mundo sin que nadie la haya pedido explícitamente. No se vende por deseo; se hereda como hábito.

Lo que está ocurriendo ahora dentro de Unilever, la matriz de Vaseline, merece atención precisamente porque invierte esa lógica. La compañía no está lanzando una campaña de influencia para promover un producto que ya existía. Está haciendo algo más difícil y con consecuencias más profundas: está dejando que los comportamientos espontáneos de comunidades de internet determinen qué producto fabricar a continuación. El resultado, al menos en su primera iteración, fue un agotamiento de inventario en minutos durante un evento en vivo en TikTok el 30 de marzo de 2026.

Eso no es marketing. Es evidencia de algo que el marketing solo estuvo midiendo.

Lo que ocurrió cuando la empresa dejó de mirar hacia adentro

La campaña Vaseline Originals parte de un hecho concreto: en 2008, la creadora de contenido Jen Chae publicó en su blog un truco para usar Vaseline como fijador de cejas. Lauren Luke, una de las primeras grandes figuras de YouTube en belleza, presentó una técnica similar para usar la jalea como primer facial. Ninguna de las dos lo hizo en colaboración con la marca. Ninguna recibió instrucciones de comunicación. Ambas simplemente encontraron usos que la empresa no había documentado ni comercializado.

Casi dos décadas después, Vaseline les atribuyó autoría formal. El Vaseline Brow Tamer nació de la observación de Chae. El All-In-One Primer and Highlighter Jelly, de Luke. La marca las reconoció públicamente como las "OGs" —las originales— detrás de sus nuevas líneas, y los productos debutaron en un TikTok Live que agotó existencias casi de inmediato.

Nathalia Amadeu, directora global de marca en Vaseline para Unilever, describió el cambio en estos términos: "Estamos moviendo la innovación fuera de la sala de juntas y hacia la comunidad. Las ideas más fuertes no comienzan como diapositivas; emergen de creadores y consumidores, ya probadas por la cultura antes de llegar a nuestros laboratorios."

Esto importa porque contradice el modelo habitual de desarrollo de producto en bienes de consumo masivo. El proceso estándar comienza internamente: se define un "espacio en blanco" en el mercado, se diseña un producto para llenarlo, se produce y luego se busca a alguien que lo comunique. Vaseline está probando un proceso inverso: la comunidad genera el uso, la marca lo observa, lo valida y lo escala hacia producción. El comportamiento ya está probado antes de que el laboratorio lo toque.

Por qué este modelo elimina una fricción que los estudios de mercado raramente detectan

La psicología del consumo tiene un problema central: las personas no saben articular lo que quieren hasta que lo ven funcionar. Los grupos focales y las encuestas de intención capturan verbalizaciones, no comportamientos. La gente dice que quiere productos naturales y compra procesados. Dice que prioriza la sostenibilidad y elige el envío más rápido. La brecha entre lo declarado y lo actuado es tan sistemática que tiene nombre en economía conductual: la brecha actitud-comportamiento.

Los hacks virales no tienen ese problema. Cuando miles de personas adoptan de forma orgánica un uso no convencional de un producto, están actuando sin que nadie les preguntara. No están optimizando su respuesta para un encuestador. No están tratando de quedar bien frente a un moderador de grupo. Están eligiendo, repetidamente, bajo condiciones de atención escasa y con alternativas disponibles a un clic de distancia.

Eso convierte los datos de comportamiento generados por creadores en algo que los estudios internos difícilmente replicarían: evidencia de adopción sin fricción de encuadre. Nadie le preguntó a Jen Chae si le "gustaría" un producto para cejas con fórmula de Vaseline. Ella simplemente lo usó, lo mostró, y suficientes personas lo replicaron como para generar una señal sostenida durante casi veinte años.

Lo que Vaseline hizo fue aprender a leer esa señal con intención productiva. Antes del lanzamiento de Originals, la marca ya había operado Vaseline Verified, un esfuerzo que documentó y validó más de 3,5 millones de hacks compartidos en línea, y que obtuvo múltiples premios en Cannes Lions, incluyendo el Titanium Lion. Esa primera fase fue esencialmente una operación de mapeo. La segunda fase, Originals, es la industrialización de ese mapa.

El riesgo de subvalorar este punto es real. Muchas empresas que dicen "escuchar a su comunidad" en realidad están monitoreando el sentimiento para gestionar la reputación, no para reformular qué producen. La diferencia operativa entre ambas posturas es enorme: una usa los datos de la comunidad como insumo de comunicación; la otra los usa como insumo de manufactura. Vaseline está, según sus propias declaraciones, en la segunda categoría.

La economía de convertir comportamiento en producto

Desde una lectura financiera, el modelo tiene una ventaja que conviene nombrar con precisión: reduce el riesgo de demanda antes de comprometer capital de producción.

El proceso tradicional de innovación en bienes de consumo masivo implica una apuesta: se invierte en desarrollo, en pruebas de fórmula, en diseño de empaque, en producción inicial, y luego se lleva el producto al mercado esperando que la demanda justifique el gasto. Las tasas de fracaso en nuevos lanzamientos de CPG rondan históricamente entre el 70% y el 80% en el primer año. Gran parte de ese fracaso se atribuye a que el producto no conectó con un comportamiento real.

Vaseline, en este modelo, está haciendo algo distinto: el comportamiento antecede al producto. La demanda ya existe en forma de práctica documentada y replicada por comunidades que no fueron incentivadas a hacerlo. El desafío productivo no es crear deseo; es formalizar y escalar algo que ya ocurre. Eso no elimina el riesgo de manufactura, pero sí elimina uno de los más costosos: el riesgo de fabricar algo que nadie quería.

El agotamiento de inventario en el debut de TikTok Live del 30 de marzo es, en ese sentido, más que un dato de relaciones públicas. Es una señal de que la demanda preexistente se convirtió en transacción en cuanto hubo un formato de compra disponible. El evento funcionó como detonador, no como constructor de deseo. El deseo ya estaba ahí, acumulado en casi dos décadas de comportamiento documentado.

Hay también un ángulo de capital relacional que vale la pena considerar. Unilever, la matriz, anunció el año pasado su intención de llevar la inversión en gasto publicitario digital hacia creadores e influencers del 30% al 50% del total, y de multiplicar por veinte la cantidad de creadores con los que trabaja. Vaseline Originals no es un experimento aislado: es una demostración de qué puede ocurrir cuando ese gasto va más allá de la distribución de mensajes y toca el proceso de desarrollo de producto. Si el modelo escala, las implicaciones para la arquitectura de costos de innovación de Unilever son considerables.

Lo que este caso revela sobre adopción y la psicología del reconocimiento

Existe un elemento en la campaña Originals que rara vez aparece en los análisis de marketing de creadores: el reconocimiento formal de autoría. Vaseline no solo convirtió los hacks en productos. Nombró a las personas detrás de ellos, les dio crédito explícito y las incorporó al relato de innovación de la marca. Eso no es cortesía corporativa; es una decisión con consecuencias psicológicas específicas.

Cuando una persona percibe que su comportamiento fue observado, valorado y atribuido correctamente, la respuesta no es solo gratitud. Es pertenencia funcional. El creador deja de ser un canal de distribución y empieza a actuar como un agente que tiene interés en el éxito del producto, porque ese éxito también es el suyo. Esa distinción cambia la naturaleza del vínculo entre marca y comunidad de manera que los contratos de influencia estándar no logran.

Al mismo tiempo, hay una fricción latente que la estrategia tendrá que gestionar conforme escale. Cuando la búsqueda de creadores originadores se vuelva más activa y sistemática —y la marca ya ha anunciado que continúa buscando más "OGs"— emergerá una tensión: la diferencia entre reconocer autoría y extractivizar creatividad. La línea entre ambas depende de los términos, de la transparencia y de si el creador tiene agencia real sobre el producto que lleva su práctica como inspiración. Por ahora, los dos casos documentados parecen bien gestionados. Pero el modelo a escala producirá casos más ambiguos.

Amadeu lo formuló de manera directa: "Ya no se trata de ser dueños del mensaje; se trata de ganarse la participación." Esa frase describe una transformación en la relación de poder entre marca y consumidor que va más allá de la comunicación. Las marcas que históricamente controlaban el relato porque controlaban el acceso a los medios de distribución ya no tienen ese monopolio. El comportamiento de las comunidades puede originar cultura antes de que ningún equipo creativo lo anticipe.

Lo que Vaseline está probando no es un modelo de marketing más participativo. Es un modelo de innovación donde la ventaja competitiva no proviene de lo que la empresa sabe fabricar, sino de lo que las comunidades ya demostraron que adoptarán. La diferencia entre ambas lógicas determina qué información es valiosa dentro de la organización, quién la recoge, y cuándo en el proceso productivo se toma en serio. Una empresa que aprende a leer comportamiento orgánico antes que sus competidores no está haciendo mejor marketing; está reduciendo sistemáticamente la distancia entre lo que fabrica y lo que el mercado ya quiere sin habérselo pedido.

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