Tasaki ficha al arquitecto del lujo japonés para conquistar el mundo
Tasaki, la joyería de lujo japonesa que lleva décadas construyendo una reputación de excelencia artesanal en perlas y alta joyería, acaba de ejecutar el movimiento más audaz de su historia reciente. La compañía nombró a Richard Collasse como Group CEO, el mismo hombre que pasó más de veinte años al frente de Chanel Japón y convirtió ese mercado en el número uno de la marca a nivel mundial. Para dirigir las operaciones domésticas, Kentaro Odagiri asume el liderazgo del negocio local. La arquitectura es deliberada: un eje global y un eje japonés operando en paralelo.
Juichi Tajima, voz articuladora de la visión de la empresa, lo dijo sin rodeos: el objetivo es "cultivar a Tasaki como una joyería de origen japonés reconocida y respetada en los principales mercados del mundo". Esa frase no es marketing. Es una política orientadora con consecuencias operativas muy concretas, y merece ser diseccionada con frialdad.
Lo que Collasse construyó y por qué importa ahora
El historial de Collasse no es el de un ejecutivo que administró una filial exitosa. Es el de alguien que rediseñó la relación entre una marca francesa y un mercado que, en los años ochenta, era visto desde París como un destino de exportación más. Llegó a Chanel Tokio en 1985, después de pasos por Givenchy Japón y la Embajada de Francia, con un dominio lingüístico y cultural que pocos occidentales pueden replicar.
Bajo su gestión, Chanel Japón llegó a operar 34 boutiques de moda —más que en ningún otro país, incluida Francia— y 13 boutiques de alta joyería, también récord global. La distribución de cosméticos alcanzó 200 grandes almacenes de primer nivel. Esas cifras no son el resultado de una expansión agresiva por volumen; son la consecuencia de un posicionamiento quirúrgico que nunca sacrificó selectividad por cobertura.
Lo que hace que ese capítulo sea relevante para Tasaki hoy no es la escala en sí misma, sino el mecanismo que la produjo. Collasse entendió antes que nadie que el consumidor japonés no era un cliente difícil: era el cliente más avanzado del planeta en materia de lujo. Exigente con el producto, con el entorno y con el servicio, ese mercado funcionó durante décadas como un laboratorio de estándares que luego se exportaron al resto del mundo. Fue Collasse quien presionó a la sede francesa de Chanel para adoptar tecnología de laca japonesa en los capuchones de sus lápices labiales porque el mercado local no aceptaba nada inferior. Paris terminó adoptando ese estándar globalmente.
La lección estratégica no es que Japón sea un mercado exigente. Es que un mercado exigente, bien liderado, se convierte en el motor de mejora de toda la organización.
Tasaki lleva esa lógica tatuada en su ADN productivo. La pregunta que Collasse debe responder ahora es si puede replicar el mismo mecanismo en la dirección inversa: tomar lo que Tasaki ha perfeccionado para el consumidor japonés y hacerlo legible, deseable y accesible para los mercados de lujo maduros en Europa, América del Norte y los grandes centros asiáticos fuera de Japón.
La división de mandos y el riesgo que nadie está nombrando
La estructura dual que Tasaki ha diseñado —Collasse global, Odagiri local— tiene una lógica impecable sobre el papel. Separa la agenda de expansión internacional de la gestión del negocio doméstico, evitando que una distraiga a la otra. En teoría, permite que cada frente avance a su propio ritmo sin que las presiones de corto plazo del mercado japonés contaminen la visión de largo plazo para el posicionamiento global.
Pero esa misma separación encierra una tensión que pocas reestructuraciones de este tipo logran resolver bien. El riesgo no es la falta de talento en ninguno de los dos lados. El riesgo es la fragmentación del relato de marca.
El lujo de alta gama no tolera incoherencias narrativas. Un cliente en Ginza y un cliente en París deben percibir exactamente el mismo universo simbólico cuando se acercan a una vitrina de Tasaki. Cuando los ejes de dirección se separan operativamente, la coherencia de ese relato depende de la calidad de la coordinación entre los dos líderes, no del talento individual de cada uno. Si Collasse empuja el posicionamiento global hacia un registro más internacional y Odagiri preserva una identidad local más tradicional, la marca puede terminar enviando señales contradictorias a segmentos que, en el lujo de alto precio, se comunican y se influencian mutuamente.
Esto no es una acusación a la inteligencia de quienes diseñaron la estructura. Es la mecánica objetiva de cualquier organización que intenta ser global sin diluir lo local. Las marcas que lo han resuelto bien —y Chanel bajo Collasse es un ejemplo— lo lograron porque existía una política orientadora suficientemente clara para actuar como árbitro cuando los dos frentes entraban en tensión. Tasaki necesita que esa política orientadora esté escrita, compartida y ejecutada con la misma disciplina en Tokio y en cualquier ciudad donde decida abrir su próxima boutique.
El momento del sector y lo que Tasaki está eligiendo no ser
El sector del lujo atraviesa una transición que Collasse ha descrito con precisión incómoda: el paso de una industria artesanal, liderada por figuras con sensibilidad estética y cultural profunda, hacia una industria gestionada por perfiles más financieros que privilegian la optimización sobre el criterio. Ese desplazamiento tiene consecuencias directas sobre la calidad del producto, la coherencia del posicionamiento y la longevidad de las marcas.
Tasaki, al nombrar a Collasse, está tomando partido en ese debate. Está apostando por un modelo de liderazgo basado en la comprensión cultural acumulada y en la convicción sobre el producto, no en el análisis de escenarios de mercado. Es una apuesta legítima y, en el segmento de alta joyería, probablemente la correcta. Pero tiene un costo implícito que pocas empresas están dispuestas a asumir con honestidad.
Apostar por ese perfil de liderazgo significa renunciar a la velocidad de escala que tendría un operador puramente financiero. Significa aceptar que el crecimiento será más lento, más selectivo y más dependiente de la coherencia del posicionamiento que de la apertura acelerada de puntos de venta. Significa, en términos prácticos, sacrificar ingresos de corto plazo para no comprometer la percepción de exclusividad que hace posible el precio de largo plazo.
Esa renuncia no aparece en ningún comunicado de prensa. Pero es la decisión más importante que Tasaki ha tomado con este nombramiento, y es la que determinará si la apuesta funciona o si la ambición global termina diluyendo lo que hace a la marca digna de esa ambición.
El liderazgo que construye marcas duraderas elige sus batallas con precisión quirúrgica
Lo que distingue a los líderes que construyen marcas de lujo con permanencia real de los que simplemente las administran durante un ciclo favorable no es la visión ni el talento comunicativo. Es la disciplina para sostener renuncias incómodas cuando la presión del crecimiento empuja en dirección contraria.
Collasse lo demostró en Chanel Japón al resistir la tentación de expandir distribución más allá de lo que la marca podía sostener con integridad. Juichi Tajima y el consejo de Tasaki ahora deben demostrar la misma disciplina a escala global: definir con precisión en qué mercados competirán, con qué tipo de cliente, bajo qué modelo de presencia y, sobre todo, a qué oportunidades aparentemente atractivas dirán que no.
Las marcas de lujo que perdieron su posicionamiento en las últimas tres décadas no lo perdieron por falta de ambición. Lo perdieron porque nunca tuvieron el coraje de establecer límites cuando tenían viento a favor. Tasaki tiene ahora el liderazgo correcto para evitar ese error. La pregunta operativa es si la organización completa —no solo su nuevo CEO— está preparada para aceptar las restricciones que ese liderazgo exige.
El C-Level que no siente el peso concreto de las oportunidades que deja sobre la mesa no está ejecutando una estrategia. Está administrando una lista de deseos. Y en el lujo de alto precio, esa diferencia siempre termina siendo visible en el producto.









