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Eclipse ganó 2.500 millones apostando a lo que nadie quería tocar

Eclipse ganó 2.500 millones apostando a lo que nadie quería tocar

Cuando Lior Susan fundó Eclipse Ventures en 2015, la lógica imperante en Silicon Valley era sencilla: el software se escala sin fábrica, sin inventario y sin obreros. Las empresas de software como servicio captaban la atención de los mejores fondos y los mejores ingenieros. Apostar por semiconductores, robótica industrial o infraestructura computacional física era, en el mejor de los casos, una rareza.

Martín SolerMartín Soler19 de mayo de 20267 min
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Eclipse ganó 2.500 millones apostando a lo que nadie quería tocar

Cuando Lior Susan fundó Eclipse Ventures en 2015, la lógica imperante en Silicon Valley era sencilla: el software se escala sin fábrica, sin inventario y sin obreros. Las empresas de software como servicio captaban la atención de los mejores fondos y los mejores ingenieros. Apostar por semiconductores, robótica industrial o infraestructura computacional física era, en el mejor de los casos, una rareza. En el peor, un error de tesis.

Susan lo describió sin adornos en un evento reciente de StrictlyVC en San Francisco: los primeros años fueron "bastante solitarios". Eclipse llegó en 2016 con una inversión de 6,5 millones de dólares en Cerebras Systems, una startup de chips diseñada para cargas de trabajo de inteligencia artificial que en ese momento no existían a escala comercial. Diez años después, esa apuesta creció hasta 147 millones de dólares en capital total invertido y generó 2.500 millones de dólares en retornos cuando Cerebras salió a bolsa en mayo de 2026 a un precio de 185 dólares por acción, en una IPO que levantó 5.500 millones de dólares adicionales. El múltiplo fue de 17 veces el capital invertido.

El número es extraordinario. Pero la pregunta que importa para cualquier analista de sistemas de valor no es cuánto ganó Eclipse. La pregunta es qué estructura de incentivos hizo posible ese retorno, y si esa estructura se sostiene o si ya estamos observando el momento cumbre antes del reajuste.

Por qué el hardware volvió a ser el activo escaso

La caída en desgracia del software como activo puramente defensible no fue gradual. Fue brusca y tiene una mecánica precisa. La irrupción de herramientas de generación de código como Claude Code de Anthropic o los modelos más recientes de OpenAI puso sobre la mesa una posibilidad que los mercados tardaron un par de años en digerir: si cualquier empresa puede generar software a medida con una fracción del coste anterior, el valor del software empaquetado en licencias estándar se comprime. No de golpe, pero de forma sostenida.

Susan lo sintetizó con una frase que circuló ampliamente tras el evento: "La ventaja competitiva en software desapareció. Puedes generar código prácticamente para cualquier cosa". Y después añadió la parte que importa: "Lo que no puedes hacer con código generado es fabricar obleas de silicio. Para eso necesitas máquinas, salas limpias y cadenas de suministro que tardan décadas en construirse".

Esa brecha es el activo. No en el sentido abstracto de "barrera de entrada", sino en el sentido operativo concreto: el capital humano, los permisos regulatorios, los acuerdos de suministro y la infraestructura física que hacen falta para producir hardware avanzado no se replican en un ciclo de financiación de dieciocho meses. La escasez física genera una prima de valor que el software, hoy, no puede reclamar con la misma credibilidad.

Los mercados públicos ya están reflejando este razonamiento. Susan señaló que las acciones de TSMC y Micron han alcanzado máximos históricos en los meses previos a la IPO de Cerebras. Al mismo tiempo, una parte considerable de los valores de software empresarial sufrió caídas durante el primer trimestre de 2026, precisamente porque los inversores empezaron a descontar la posibilidad de que las grandes empresas reduzcan sus licencias de SaaS y construyan herramientas propias con modelos de lenguaje. Es una redistribución de valor entre capas del stack tecnológico: sube el hardware, bajan las aplicaciones genéricas de software.

La mecánica del portafolio y dónde se acumula realmente el riesgo

El retorno de Cerebras es el titular, pero el patrón que Eclipse ha construido en paralelo merece atención por sí solo. Según los datos que Susan presentó, las empresas del portafolio de Eclipse captaron cerca de 15.000 millones de dólares de inversores externos durante 2025, y solo en el primer trimestre de 2026 ya habían levantado 4.500 millones de dólares adicionales. Para calibrar esa cifra: en los primeros ocho años de Eclipse como firma, el total acumulado en rondas externas de sus participadas no superó los 4.000 millones.

Ese salto de escala no es solo una señal de éxito; es también una señal de tensión estructural. Cuando el capital llega en cantidades de esa magnitud y a esa velocidad sobre sectores con ciclos largos de desarrollo, la presión sobre los plazos de maduración se intensifica. Las cuatro compañías del portafolio que levantaron rondas masivas recientes tienen perfiles muy distintos entre sí: Wayve (conducción autónoma, 1.200 millones de dólares con Nvidia, Uber y tres fabricantes de automóviles), True Anomaly (defensa y espacio, 650 millones de dólares), Bedrock Robotics (270 millones de dólares) y Oxide Computer (200 millones de dólares). Eclipse entró en todas como inversor de Serie A.

El modelo de Eclipse tiene una coherencia interna clara: entrar temprano, soportar ciclos largos de capital, y capturar el retorno cuando el mercado tardío llega con cheques grandes. En ese esquema, el riesgo de dilución es real pero manejable si la convicción de la tesis es sostenida. El riesgo que es más difícil de gestionar es el de sincronización: si el entusiasmo tardío del mercado por el hardware físico llega en una ventana corta y se enfría antes de que estas compañías alcancen la generación de ingresos a la escala que justifica sus valoraciones, el modelo distribuye pérdidas hacia los inversores de etapas posteriores, no hacia Eclipse.

No es una acusación. Es la mecánica estándar de la inversión en riesgo temprano. Pero el patrón merece ser visible: Eclipse gana primero, los inversores tardíos de capital privado y eventualmente los accionistas públicos asumen la mayor parte del riesgo de ejecución comercial.

Los cinco factores que Susan alineó y lo que falta en esa ecuación

La tesis que Susan articuló en San Francisco va más allá de la apuesta sectorial. Describió cinco condiciones que, según él, convergen por primera vez en la historia industrial estadounidense: tecnología (la IA como habilitador de hardware físico), capital (flujos récord hacia sectores de infraestructura), demanda de clientes (industria y gobierno como compradores sostenidos), talento (ingenieros migrando desde el software hacia la robótica, los semiconductores y el espacio), y política (subsidios y regulación favorables del gobierno federal).

La comparación con Henry Ford y Andrew Carnegie fue deliberada. Ambos operaron en momentos donde la infraestructura física era el cuello de botella de la economía y donde el capital, la tecnología y la política se alinearon para acelerar una transformación generacional. La analogía tiene fuerza histórica, pero también tiene una advertencia implícita que Susan no desarrolló: tanto Ford como Carnegie construyeron imperios sobre una distribución del valor muy concentrada. La pregunta de qué porcentaje de ese valor terminó en manos de los trabajadores, los proveedores y las comunidades donde operaban sigue siendo uno de los debates más documentados de la historia económica.

El análisis de Susan sobre los cinco factores es estratégicamente sólido y empíricamente respaldado por los flujos de capital. Donde la ecuación tiene una variable sin responder es en el reparto final entre los actores del sistema: los fabricantes de hardware de primer nivel, sus cadenas de suministro en mercados emergentes, los operadores de infraestructura que dependen de esos chips, y los trabajadores desplazados en sectores que la automatización absorbe. Que los cinco factores estén alineados para los fundadores y los inversores tempranos no implica que lo estén para todos los participantes del sistema.

El momento de validación no es el fin del ciclo

La IPO de Cerebras y los retornos de Eclipse no son el cierre de una tesis; son su prueba de mercado más visible hasta ahora. La distinción importa porque el capital que está entrando ahora en robótica, defensa espacial, cómputo de infraestructura y semiconductores llegará a su vencimiento económico en un ciclo que todavía no completó su primera vuelta completa.

Lo que Eclipse ha construido en una década es una posición de entrada privilegiada en sectores donde la escasez física sigue siendo estructural. Esa posición no la pierde con el éxito de Cerebras; al contrario, la fortalece para las rondas de fundraising y los co-inversores que ahora competirán por estar en el mismo portafolio. El riesgo que sí aumenta con el éxito es la presión para que las compañías de etapas más tempranas justifiquen valoraciones infladas por el entusiasmo del mercado tardío, antes de que sus modelos de negocio hayan demostrado la generación de flujo de caja necesaria para sostenerlas.

El reparto de valor que Eclipse ha logrado con Cerebras es, dentro de los parámetros del capital de riesgo, un resultado legítimo y bien ejecutado de una convicción mantenida durante una década. La sostenibilidad de ese modelo hacia adelante depende de si las compañías que ahora levantan cientos de millones en rondas tardías logran traducir esa inyección en retornos operativos antes de que el ciclo de entusiasmo por el hardware se estabilice. Si lo logran, la tesis de Eclipse quedará validada en toda su arquitectura. Si no, los retornos de Cerebras serán el pico de una curva, no el inicio de una pendiente sostenida.

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