Tokenización y ETFs no compiten: uno repavimenta la carretera del otro
El mercado de gestión de activos lleva meses procesando la misma pregunta con distintos disfraces: ¿la tokenización basada en blockchain va a desplazar a los ETFs? La respuesta corta es que ese encuadre binario es el problema, no la solución. Y mientras la industria debate quién gana, están ignorando el riesgo estructural que tienen en común.
Según datos compilados por Asset Tokenization, el mercado de tokenización podría alcanzar 2 billones de dólares para 2035. McKinsey, por su parte, proyecta 1,9 billones para 2030 y 4 billones para 2035. Son cifras que justifican conversaciones serias en cualquier sala de directivos. Pero antes de emocionarse con el tamaño del mercado potencial, conviene entender exactamente qué problema está resolviendo cada instrumento, y cuál es el costo real de no resolverlo.
Los ETFs construyeron la carretera, pero el asfalto se está cuarteando
El argumento central que circula entre especialistas del sector es que los ETFs resolvieron un problema estructural legítimo: hicieron los mercados más accesibles, más líquidos y dramáticamente más baratos que los fondos mutuos tradicionales. Eso es empíricamente cierto. Pero hay una segunda parte del diagnóstico que se menciona menos: los ETFs siguen operando sobre infraestructura de los años noventa.
Liquidación en T+1. Acceso condicionado a tener cuenta de corretaje. Operaciones limitadas al horario de mercado. Y una barrera estructural que pocas veces aparece en los informes de gestores: aproximadamente 7.000 millones de personas a nivel global no tienen acceso a una cuenta de corretaje. No es un problema de producto. Es un problema de infraestructura de distribución.
Aquí es donde la analogía de la carretera cobra precisión técnica. Los ETFs tendieron el asfalto sobre lo que antes era un camino de tierra. Pero el volumen de tráfico cambió, las exigencias de velocidad cambiaron, y el asfalto que funcionaba en 1993 no está dimensionado para lo que viene. La tokenización no llega a demoler la autopista; llega a cambiar la capa de rodadura. Son problemas de ingeniería distintos, con costos distintos y plazos de implementación distintos.
El riesgo para los actores establecidos no es que la tokenización los desplace mañana. El riesgo es que empiecen a perder el margen de los segmentos más rentables —inversores institucionales que valoran liquidez 24/7 y liquidación instantánea— mientras sus estructuras de costos fijos siguen estando calibradas para el modelo anterior.
La trampa de la narrativa de sustitución
Cuando una tecnología emergente aparece con proyecciones de mercado que mueven miles de millones, la industria tiende a organizar el debate en dos trincheras: los que la defienden y los que la atacan. Ambas posiciones son convenientes para vender conferencias y rondas de capital. Ninguna es útil para tomar decisiones operativas.
El CEO de OpenAssets lo plantea con una lógica que, despojada del entusiasmo comercial habitual, resiste el escrutinio analítico: la tokenización no corrige lo que está mal en los ETFs; corrige lo que está mal en las vías sobre las que corren los ETFs. Es una distinción que parece semántica pero tiene implicaciones concretas para cualquier gestor de activos que esté evaluando dónde asignar presupuesto de transformación tecnológica.
Una cosa es actualizar el envoltorio del producto. Otra es reemplazar el sistema de liquidación, los protocolos de custodia y los mecanismos de distribución. La segunda tiene un costo de implementación órdenes de magnitud mayor, requiere coordinación regulatoria en múltiples jurisdicciones y enfrenta resistencia de los intermediarios que hoy capturan las rentas del sistema heredado.
Esto genera un patrón predecible: las instituciones con mayor exposición a esos intermediarios van a mover fichas lentamente, no por falta de visión, sino porque cada mes de retraso en la adopción es un mes de ingresos protegidos en el modelo actual. Los incentivos están alineados con la inercia. Eso no es un juicio de valor; es mecánica organizacional básica.
La coexistencia como período de riesgo, no de equilibrio
El escenario más probable en el horizonte de cinco a diez años no es la sustitución de los ETFs ni su evolución limpia hacia versiones tokenizadas. El escenario más probable es una fase de coexistencia donde ambas infraestructuras operan en paralelo, capturando segmentos distintos del mercado con estructuras de costo distintas.
Eso suena razonable sobre el papel. En la práctica, la coexistencia tiene un costo operativo que los análisis optimistas suelen omitir: mantener dos sistemas de liquidación, dos marcos de cumplimiento regulatorio y dos pilas tecnológicas simultáneamente no es gratis. Para gestoras medianas, ese costo puede ser prohibitivo sin una estrategia de fases que defina exactamente cuándo y cómo migrar capacidades sin comprometer el negocio principal.
Los actores que van a sobrevivir bien esta transición no son necesariamente los primeros en tokenizar todo. Son los que pueden aislar su núcleo de ingresos estable mientras experimentan con estructuras tokenizadas en segmentos de menor riesgo regulatorio. Un fondo de mercado monetario tokenizado es una apuesta muy distinta, en términos de exposición, que tokenizar un ETF de renta variable con exposición a mercados emergentes. La granularidad importa.
Las proyecciones de McKinsey y Asset Tokenization son útiles para dimensionar el potencial de mercado. No son útiles para determinar en qué punto del período de transición una estructura específica pasa de ser una apuesta controlada a convertirse en una carga de capital que pone en riesgo la operación principal. Ese cálculo depende de variables que ningún informe de mercado puede generalizar: margen operativo actual, concentración de ingresos por segmento, costo de capital y capacidad regulatoria interna.
El filtro que separa las apuestas serias de las declaraciones de posicionamiento
Hay una forma de distinguir rápidamente qué organizaciones están tomando la tokenización en serio como transformación de infraestructura y cuáles están usando el tema para alimentar narrativas de innovación sin comprometer capital real: mirar dónde está el presupuesto de riesgo.
Una firma que anuncia una iniciativa de tokenización pero no ha modificado su arquitectura de custodia ni ha iniciado conversaciones regulatorias formales no está haciendo una apuesta de infraestructura. Está haciendo comunicación corporativa. La diferencia entre ambas tiene un nombre en contabilidad: activos intangibles sin valor en libros versus inversión de capital con cronograma de amortización.
El período de coexistencia que se avecina entre ETFs y estructuras tokenizadas va a durar más de lo que los entusiastas proyectan y va a costar más de lo que los escépticos anticipan. Las organizaciones que lleguen a la fase de convergencia con balances sólidos, estructuras de costo variable y capacidad regulatoria construida de forma incremental son las que van a poder capturar el mercado cuando la infraestructura se estabilice. Las que hayan sobreinvertido en la transición prematura, o las que hayan ignorado la señal por completo, van a tener menos margen para maniobrar cuando la ventana operativa se estreche.









