M&S cierra 14 cafeterías y revela el precio real del enfoque

M&S cierra 14 cafeterías y revela el precio real del enfoque

Marks & Spencer elimina 14 de sus cafeterías internas y muchos lo llaman un recorte. Yo lo llamo la primera señal de que alguien, finalmente, tomó una decisión.

Ricardo MendietaRicardo Mendieta4 de abril de 20267 min
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M&S cierra 14 cafeterías y revela el precio real del enfoque

Hay una escena que se repite en los grandes almacenes británicos desde hace décadas: el cliente que entra a comprar una camisa, termina sentado frente a un café con leche y una porción de tarta de zanahoria, y sale sin la camisa. Marks & Spencer construyó ese ritual. Sus cafeterías internas no eran un accidente operativo; eran parte de una identidad de marca que prometía algo difuso pero poderoso: que ir a M&S era, en sí mismo, una experiencia. Ahora, la empresa anuncia el cierre de 14 de esos espacios de restauración, y la reacción pública oscila entre la nostalgia y la indignación. Comprendo ambas. Pero ninguna de las dos es estratégicamente relevante.

Lo que M&S está haciendo, con más o menos conciencia, es comenzar a responder una pregunta que debería haberse formulado mucho antes: ¿en qué negocio operamos realmente. La respuesta honesta no puede ser "moda, alimentación y restauración de servicio completo" al mismo tiempo, no con los márgenes que genera el retail físico en el Reino Unido post-pandemia, y no con la presión que ejerce el comercio en línea sobre cada metro cuadrado de tienda.

El espacio que ocupa una cafetería no es gratis

Una cafetería dentro de un gran almacén consume superficie, personal, cadena de suministro, gestión sanitaria, equipamiento especializado y atención directiva. Todo eso tiene un costo fijo que no desaparece cuando el tráfico de clientes baja un martes por la tarde. Lo que resulta difícil de cuantificar desde fuera, pero no difícil de imaginar para cualquier operador de retail, es la proporción entre el ingreso que genera ese espacio y lo que generaría si estuviera dedicado a categorías de producto con mayor rotación o mayor margen.

M&S no ha publicado la descomposición económica por unidad de cada cafetería cerrada. Pero la decisión de cerrar 14 locaciones simultáneamente no sugiere un ajuste cosmético: sugiere que el análisis interno arrojó un patrón sistemático de bajo rendimiento. Cuando el problema es aislado, se cierra uno. Cuando se cierran catorce de golpe, el diagnóstico era estructural.

Lo que me parece más revelador no es el número de cierres, sino el silencio previo. Estas cafeterías no empezaron a perder sentido económico esta semana. La pregunta sobre si un minorista de ropa y alimentación debería operar espacios de restauración con personal propio, insumos propios y toda la complejidad logística que eso implica, lleva años sin respuesta pública. Eso tiene un nombre: postergación de decisiones incómodas. Y su costo siempre se paga después, con mayor dolor y menor margen de maniobra.

Lo que la nostalgia del cliente no financia

Los titulares hablan de compradores "decepcionados". Ese dato importa, pero no de la manera en que los medios generalistas lo presentan. La decepción del cliente es información, no veto. Un minorista que toma decisiones de portafolio en función de qué tan molestos se pondrán sus clientes en redes sociales está operando con el instrumento equivocado.

Lo que M&S debe medir no es la intensidad del malestar, sino su durabilidad y su impacto en el comportamiento de compra. Si los clientes que usaban las cafeterías dejan de frecuentar las tiendas como resultado del cierre, eso es una pérdida de ingresos que debe cuantificarse y ponerse en la balanza. Si, por el contrario, esos mismos clientes siguen comprando ropa y alimentos en M&S porque el producto justifica la visita, entonces la cafetería era un costo emocional, no un motor de ingresos.

Esta distinción no es semántica. Define si la decisión fue correcta o si fue un recorte de costos disfrazado de estrategia. Desde fuera, no puedo saberlo con certeza. Lo que sí puedo afirmar es que el razonamiento que lleva a una empresa a mantener 14 operaciones de restauración dentro de tiendas de retail, sin una tesis clara sobre cómo esos espacios contribuyen al margen total, no es estrategia. Es inercia institucional con nombre de tradición.

Además, existe un escenario que merecería seguimiento: si M&S libera esa superficie para ampliar categorías como alimentación premium o ropa de mayor valor añadido, el cierre de las cafeterías se transforma en una reasignación de capital físico hacia segmentos con mejor ecuación económica. Si, en cambio, el espacio liberado queda subutilizado o se convierte en almacenaje, la decisión habrá sido un recorte sin arquitectura.

El retail físico no sobrevive intentando ser todo

Hay un patrón que atraviesa la historia reciente del retail europeo: los operadores que sobrevivieron la última década de transformación digital no lo hicieron añadiendo capas de experiencia sin una lógica de rentabilidad detrás. Lo hicieron siendo implacablemente selectivos sobre qué ofrecían y a quién.

M&S tiene una propuesta de valor que funciona en alimentación de calidad y en ropa con un posicionamiento de precio medio-alto. Esa combinación ya es suficientemente compleja de ejecutar bien. Añadir restauración de servicio completo como una tercera vertical no multiplica el atractivo de la marca; multiplica los puntos de falla operativa. Cada servicio adicional que una empresa integra verticalmente es una nueva fuente de variabilidad en la experiencia del cliente y un nuevo centro de costo que compite por la atención directiva.

El cierre de estas cafeterías, leído con frialdad, es compatible con una tesis de simplificación operativa que tiene lógica en el contexto actual del retail británico. Las tiendas físicas están bajo presión de rentabilidad por metro cuadrado. El consumidor post-inflacionario en el Reino Unido es más selectivo. Y M&S, si quiere competir con seriedad en alimentación de calidad contra competidores especializados, necesita dedicar recursos, espacio y atención directiva a esa batalla, no dividirlos entre cocinas internas y lineales de producto.

El problema no es que M&S cierre cafeterías. El problema sería que lo haga sin una política orientadora que explique hacia dónde redirige esos recursos. Un recorte sin destino es solo un recorte. Una renuncia con dirección es estrategia.

La disciplina de soltar lo que se heredó

Las empresas con historia larga acumulan activos que dejaron de rendir hace tiempo pero que nadie se atreve a tocar porque forman parte de la identidad institucional. Las cafeterías de M&S son un ejemplo perfecto de ese tipo de activo: emocionalmente cargado, operativamente costoso y estratégicamente ambiguo.

Cerrarlas genera titular negativo por 48 horas. Mantenerlas genera una sangría silenciosa que no aparece en ningún titular pero que erosiona el margen durante años. Los directorios que eligen la comodidad de los titulares positivos sobre la disciplina del margen son los que terminan tomando decisiones mucho más dolorosas cuando ya no hay tiempo.

M&S ha dado un paso que, con la información disponible, parece más coherente que temerario. Lo que determinará si fue estrategia o solo ahorro es lo que haga con el espacio, el capital y la atención directiva que recupera. Eso no estará en ningún comunicado de prensa. Estará en los números de los próximos dos años.

El C-Level que dirige una organización con décadas de historia tiene una responsabilidad específica: distinguir entre lo que la empresa siempre ha hecho y lo que la empresa debe hacer para seguir siendo viable. Esas dos listas no son iguales, y confundirlas tiene un precio que se paga en cuotas, despacio, hasta que de repente se paga todo junto. La disciplina de eliminar lo heredado que ya no contribuye no es crueldad con el pasado. Es la única forma de financiar el futuro.

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