Cuando aplanar la estructura se convierte en otra forma de burocracia
Chine Mmegwa llegó a noviembre de 2025 gestionando tres personas. Tres meses después, su equipo creció a 24 colaboradores distribuidos en tres continentes. No porque su área haya lanzado un producto nuevo ni porque haya captado un mercado que antes no existía. La razón fue más prosaica: Match Group —dueña de Tinder, Hinge y OKCupid— redujo su plantilla en un 13%, eliminó aproximadamente 325 puestos y borró capas de gestión intermedia. El resultado práctico para Mmegwa fue sumar diez horas semanales de reuniones: tres bloques de 90 minutos en grupo, sesiones individuales semanales con sus seis reportes directos y encuentros quincenales con el resto del equipo. Su agenda se convirtió en su principal herramienta de trabajo.
Este caso no es una anécdota aislada. Según la encuesta anual de Gallup publicada en enero de 2026, el gerente promedio en Estados Unidos supervisaba 8,2 personas en 2013. Para 2025, esa cifra llegó a 12,1. Y el 13% de los gerentes actuales tiene 25 reportes o más, dos puntos porcentuales por encima del año anterior. El dato que más debería preocupar a cualquier director de operaciones: el 97% de esos gerentes realiza también trabajo individual como colaborador, además de sus responsabilidades de liderazgo. Es decir, prácticamente la totalidad de los mandos medios en el mercado estadounidense está haciendo dos trabajos simultáneamente, sin que ninguno de los dos tenga la atención que merece.
La narrativa oficial detrás de esta tendencia, bautizada informalmente como la Gran Aplanación, es seductora: menos jerarquías, decisiones más rápidas, mayor cercanía entre el CEO y quienes ejecutan. El director de operaciones de Match Group lo resumió con claridad: "Reestructuramos principalmente eliminando capas de gestión. La idea era movernos más rápido". Nadie discute el objetivo. Lo que vale la pena diseccionar es si el mecanismo elegido realmente lo consigue, o si solo transfiere el cuello de botella de un nivel jerárquico a otro.
Lo que la matemática de la gestión revela cuando se pone a prueba
Eliminando una capa de gestión intermedia, una empresa reduce su masa salarial en ese segmento. El ahorro es inmediato y contable. Match Group recortó 325 posiciones en 2024 bajo presión de inversores activistas que cuestionaban el desempeño frente a una base de usuarios de la Generación Z en contracción. Los números en el balance mejoran. Pero el trabajo que hacían esos gerentes eliminados no desaparece: se redistribuye entre quienes quedan.
Eso es exactamente lo que los datos de Gallup describen con precisión. Cuando un gerente pasa de supervisar a 9 personas a supervisar a 12 o a 24, su capacidad de hacer seguimiento estratégico por persona cae de manera proporcional. No porque sea menos capaz, sino porque el tiempo es finito. Mmegwa lo confirma de forma involuntaria cuando describe su método de gestión: reuniones agendadas con precisión milimétrica, una agenda que funciona como guía de navegación. Esa rigidez no es un síntoma de eficiencia. Es el síntoma de un sistema sin margen de maniobra.
Chris Kaufman, consultor de liderazgo, señala que equipos más grandes eliminan cuellos de botella y acercan a los mejores colaboradores a la cúpula directiva. Eso puede ser cierto para el percentil superior de cada equipo. El problema es que la gestión de personas no funciona solo con los mejores: requiere atención constante a quienes tienen desempeño medio, a quienes atraviesan curvas de aprendizaje y a quienes necesitan contexto para tomar decisiones autónomas. Con 24 personas y diez horas extra semanales de reuniones, la capacidad de Mmegwa para identificar esas señales débiles se reduce significativamente. El gerente que antes podía leer la temperatura de su equipo en conversaciones informales ahora opera principalmente a través de instancias formales y calendarizadas.
El dato de Indeed refuerza esta lectura: los empleadores publicaron un 12,3% menos de avisos para posiciones de gestión intermedia en 2025 respecto a 2024. Las empresas no están contratando reemplazos. Están apostando a que el sistema funciona con menos piezas. Esa apuesta tiene un costo que los estados financieros no capturan de inmediato: la degradación del capital de gestión y el deterioro del compromiso de los colaboradores que perciben que su desarrollo profesional depende de un gerente que apenas tiene tiempo de leerles un mensaje.
La agilidad que no se valida con el equipo no es agilidad
Match Group implementó un taller presencial de un día para gerentes nuevos y de nivel medio, enfocado en construir confianza dentro de los equipos. Es una iniciativa concreta y mejor que no hacer nada. Pero revela también la magnitud del problema que están intentando resolver: cuando una empresa necesita un programa formal para reconstruir la confianza interna después de una reestructuración, la reestructuración generó una fractura que ahora requiere inversión para repararse. El costo del recorte no fue solo el pago de finiquitos.
El patrón que exhibe Match Group no le pertenece exclusivamente. Meta, Citigroup, Amazon y UPS adoptaron estructuras más planas con argumentos similares. Todos enfrentaron el mismo problema de fondo: la velocidad de decisión que prometían las estructuras planas depende de que los colaboradores tengan claridad suficiente para decidir solos. Esa claridad no se genera automáticamente al eliminar un nivel jerárquico. Se construye con tiempo, contexto y un gerente con capacidad real de acompañar ese proceso. Cuando ese gerente gestiona 24 personas y simultáneamente produce como colaborador individual, el tiempo para construir esa claridad simplemente no existe.
Lo que las organizaciones que están ejecutando bien la aplanación tienen en común es que no confunden la reducción de capas con la reducción de soporte. Aplanar una estructura funciona cuando va acompañado de sistemas de información claros, autonomía bien delimitada por nivel de decisión y ciclos de retroalimentación cortos que no dependan exclusivamente de la agenda del gerente. Sin esos elementos, lo que se produce no es velocidad: es un gerente convertido en servidor de múltiples frentes simultáneos, resolviendo lo urgente y postergando indefinidamente lo estratégico.
El riesgo más silencioso de este modelo no es el agotamiento del gerente, aunque ese también es un problema documentado. El riesgo mayor es la erosión de la calidad de decisión en el nivel donde se ejecuta el trabajo. Cuando los colaboradores no reciben retroalimentación oportuna, no ajustan su trabajo a tiempo. Cuando el gerente no tiene margen para pensar en desarrollo de equipo, el talento se estanca o emigra. Esos efectos no aparecen en el balance del trimestre en que se hizo el recorte. Aparecen doce o dieciocho meses después, cuando la empresa busca entender por qué la productividad no mejoró a pesar de haber reducido costos.
El tamaño del equipo no determina la velocidad de la organización
La variable que realmente determina si una estructura plana funciona no es el ratio de reportes por gerente. Es la calidad del sistema que rodea a ese gerente: qué información tiene disponible en tiempo real, qué decisiones puede delegar con confianza, qué nivel de autonomía operativa tienen sus colaboradores sin necesitar aprobación. Match Group está construyendo parte de ese sistema con su programa de capacitación. Pero un taller anual no sustituye la infraestructura de gestión que se eliminó al recortar 325 posiciones.
Las organizaciones que aprendieron a escalar sin multiplicar fricciones no lo hicieron reduciendo gerentes. Lo hicieron reduciendo la dependencia del gerente como único punto de transmisión de contexto, criterio y dirección. Eso requiere documentar cómo se toman decisiones, qué información es relevante para cada nivel y cómo se mide el progreso sin necesidad de una reunión de seguimiento. Ningún organigrama resuelve ese problema por sí solo.
La única forma de construir una organización que se mueva rápido de manera sostenida es validar continuamente que las personas que ejecutan tienen lo que necesitan para decidir bien, ajustar esa validación con frecuencia y no esperar a que los problemas escalen hasta hacerse visibles en los números. Los planes de reestructuración que solo optimizan el organigrama sin probar esas hipótesis en tiempo real simplemente desplazan el problema hacia adelante.










