Wall Street apuesta por los mercados de predicción y cambia las reglas del riesgo macro

Wall Street apuesta por los mercados de predicción y cambia las reglas del riesgo macro

Goldman Sachs explora Polymarket y Kalshi mientras Susquehanna contrata traders especializados. El volumen pasó de 15.800 millones a más de 63.000 millones de dólares en un año. Esto no es especulación sobre el futuro: es infraestructura financiera que ya está operando.

Francisco TorresFrancisco Torres16 de marzo de 20267 min
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El número que Wall Street no puede ignorar

En enero de 2026, los mercados de predicción registraron 12.000 millones de dólares en volumen nocional en un solo mes. No fue un pico electoral ni un evento aislado. Fue la confirmación de algo que venía construyéndose desde 2024, cuando el volumen anual llegó a 15.800 millones, para luego dispararse a más de 63.000 millones en 2025, un crecimiento superior al 300% en doce meses.

Esos números son suficientes para captar la atención de cualquier mesa de operaciones seria. Y así ocurrió. Susquehanna International Group, una de las firmas de opciones más sofisticadas del mundo, comenzó a contratar traders específicamente para operar en estos mercados. El CEO de Goldman Sachs, David Solomon, reveló durante una llamada de resultados que se reunió con los equipos de Polymarket y Kalshi en enero para explorar oportunidades. La Reserva Federal, por su parte, publicó un reporte señalando que Kalshi tiene utilidad para pronosticar eventos económicos.

Eso no es hype. Es una secuencia de señales institucionales que apunta en una sola dirección.

Qué están comprando realmente estas instituciones

La narrativa superficial describe los mercados de predicción como plataformas de apuestas sofisticadas. Esa lectura es incorrecta, o al menos incompleta. Lo que Susquehanna y Goldman Sachs están evaluando no es el juego, sino la señal de precio en tiempo real sobre eventos no cubiertos por instrumentos tradicionales.

Los derivados estándar permiten expresar una visión sobre tasas, divisas o índices. Pero no existe un contrato de futuros líquido para apostar con precisión sobre si la Fed subirá tasas en una reunión específica bajo condiciones específicas, o sobre el resultado de una votación regulatoria que afecta a un sector entero. Los mercados de predicción llenan ese vacío con una mecánica simple: contratos binarios cuyo precio refleja la probabilidad que el mercado le asigna a un evento.

Cuando una firma como Susquehanna lleva ese precio a su modelo de riesgo, no está especulando en el sentido coloquial del término. Está incorporando una fuente de datos que antes no existía en forma líquida. La diferencia operativa es significativa: pasar de leer encuestas o estimaciones propias a observar una probabilidad con dinero real detrás cambia la calidad de la información que entra al modelo.

El CRO de GSR, Alex Taaffe, lo describió como un momento de inflexión para la adopción institucional. Marek Sandrik, de RockawayX, apunta a la maduración de estas plataformas como herramientas de sentimiento en tiempo real. Ambas lecturas convergen en el mismo punto: el activo que se está comprando es inteligencia de mercado, no exposición especulativa.

Hay además una dinámica de estructura de costos que conviene auditar. Para una firma con capacidad de opciones como Susquehanna, entrar a los mercados de predicción no requiere construir infraestructura nueva desde cero. Requiere adaptar modelos existentes y contratar talento específico. El costo marginal de entrada es bajo comparado con el volumen potencial. Esa es la aritmética que justifica el movimiento, independientemente del entusiasmo narrativo que rodea al sector.

El problema que el volumen no resuelve solo

El crecimiento del 300% en volumen es un dato atractivo, pero hay variables operativas que ese número no captura. La liquidez en los mercados de predicción es profundamente heterogénea. Los contratos sobre decisiones de la Fed o grandes eventos políticos pueden tener mercados razonablemente densos. Contratos sobre eventos más específicos o de nicho siguen siendo delgados, con spreads amplios que hacen costosa cualquier posición de tamaño.

Esto crea un problema estructural para los participantes institucionales: no pueden escalar posiciones sin mover el precio. Una firma que mueve decenas o cientos de millones en derivados tradicionales no puede operar con la misma lógica en un mercado donde el libro de órdenes se agota rápido. El resultado es que, por ahora, la participación institucional opera más como exploración de herramienta analítica que como despliegue de capital en escala.

El marco regulatorio añade otra capa de complejidad. Las plataformas como Kalshi han tenido que librar batallas legales para operar en Estados Unidos. Polymarket, que opera desde fuera de la jurisdicción estadounidense, tiene sus propias restricciones de acceso. Goldman Sachs no puede simplemente abrir una cuenta y empezar a operar sin un análisis legal profundo sobre cómo se clasifica ese capital, cómo se reporta y bajo qué esquema regulatorio cae la actividad. Solomon fue cuidadoso en su lenguaje: exploración, no compromiso.

Esa cautela tiene sentido operativo. Las instituciones que lleguen primero y construyan posiciones antes de que exista claridad regulatoria asumen un riesgo de cumplimiento que puede ser costoso. Las que esperen demasiado ceden ventaja a los primeros operadores. El timing de entrada en este tipo de mercados nacientes es uno de los problemas estratégicos más difíciles de resolver sin información perfecta.

El patrón que importa para leer lo que viene

Hay un patrón histórico reconocible en cómo Wall Street absorbe nuevas clases de activos o instrumentos. Primero llegan las firmas con mayor tolerancia al riesgo operativo y mayor capacidad de modelado propio. Luego vienen los bancos grandes con exploraciones cuidadosas. Después aparece el marco regulatorio que institucionaliza el acceso. Finalmente, el instrumento se integra al flujo de trabajo estándar.

Los mercados de predicción están claramente en la segunda fase de ese ciclo. Susquehanna es el perfil de firma que entra en la primera fase: sofisticación cuantitativa alta, apetito por mercados poco arbitrados, estructura ágil. Goldman representa la segunda: reconocimiento público del tema, reuniones exploradoras, sin compromiso de capital anunciado. La validación de la Fed para Kalshi es una señal temprana de que la tercera fase, la regulatoria, tiene actores trabajando en ella.

Lo que eso implica para las plataformas nativas de estos mercados es directo: la entrada institucional resuelve el problema de liquidez a largo plazo, pero redistribuye el poder de fijación de precios. Hoy, los operadores nativos de Polymarket o Kalshi son quienes determinan las probabilidades del mercado. Si Susquehanna empieza a operar con modelos propios y capital significativo, esos mismos operadores enfrentan una contraparte con ventaja informacional y computacional. La dinámica competitiva interna del mercado cambia antes de que cambie la regulación.

El volumen sostenido más allá de los ciclos electorales es la señal más relevante de los datos disponibles. Indica que la liquidez no depende de un evento puntual sino de contratos recurrentes vinculados a decisiones de política monetaria, resultados macro y catalizadores regulatorios. Eso es lo que convierte a estos mercados en infraestructura potencial, no en un instrumento estacional. Y es exactamente el tipo de propiedad que los modelos de riesgo institucionales necesitan para integrar una fuente de datos de forma permanente.

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