La financiación en space tech volvió a máximos, pero el dato relevante no es el volumen: es hacia dónde se concentra el poder. De cohetes a software, de órbita a tierra, el mercado está comprando infraestructura crítica con lógica de plataforma.
El Pentágono quiere que Claude pueda usarse para “todos los fines legales” en entornos clasificados; Anthropic se niega a retirar barreras contra vigilancia masiva y armas letales autónomas. El choque no es ético en abstracto: es un pulso por control operativo, riesgo contractual y poder de negociación en la cadena de suministro de IA.
El mercado teme que la IA canibalice al software, pero los números de Nvidia sugieren otra dinámica: la infraestructura de agentes está convirtiendo el trabajo en una función computable, medible y, por ahora, premium.